jueves, 14 de mayo de 2015

Venus


Ella se despertó con los girones de una pesadilla en los párpados, metiéndose a la fuerza en su mente, haciéndola revivirlos, volver a la oscuridad.

Se deslizo fuera de su cama, preparo café, se coloco su chaquetita tejida y salio al balcón para disfrutar de un liberador cigarrillo, necesitaba dejar volar su tristeza en cada bocanada de humo, necesitaba calor en su cuerpo, calor que le brindaba cada sorbo de café.
Así era Venus, así mataba las penas, o las penas la mataban a ella.

Los pensamientos se atropellaban en su mente, tan pronto en el día y sus pensamientos la habían empezado a ahogar de nuevo. El corazón volvía a doler otra vez, su cuerpo demasiado pequeño para un universo tan grande.
Venus no lloraba, ella nunca lo hacia, ni siquiera en la soledad de su casa, ni siquiera en ese lugar, donde sabia que no seria interrumpida.
Nunca dejaría que el sentimiento de derrota se apoderara de ella. Nunca permitiría sentirse como se sentía y dejarlo salir.

Empezó a llover, era una mañana gris de agosto, en un lugar remoto, en un universo perdido en la oscuridad y el dolor de una pequeña chica en un balcón, de una taza de café y un cigarrillo. Con cada gota caía una lágrima silenciosa, una suplica perdida, una oración sin dios, a cada gota lloraba Venus, a cada gota moría ella, perdía su fuerza, se perdía a ella misma. Venus era lluvia.

Que jodido es todo, que jodido es amar, vivir, hasta ser feliz es jodido, mantener lo que somos y vivir a nuestra manera se torna jodido.

Yo seguiré siendo Venus en la mañana.

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