lunes, 23 de diciembre de 2013

Tirarse


Con los brazos apoyados en las barandillas del balcón, a cientos de metros del suelo, en un edificio donde se puede observar toda la ciudad en su esplendor de luces y sonidos, estoy yo.
El viento mueve mi pelo al compás de el ritmo de la ciudad, y refrescando mis pensamientos, tan juntos y comprimidos en mi pequeña cabeza, que el respirar este aire, es liberador.
Y a mi cabeza vienen y van pensamientos, recuerdos, y toda esa mierda que hay dentro de mi, eso que necesita ser golpeado fuera de mi, necesito esa liberación, así que subo mi pie sobre una silla y trepo hasta la barandilla del balcón, seguido por mi otro pie y como una trapezista camino por la barandilla, sintiendo el aire por todo mi cuerpo.
Mi mirada se dirige rápidamente hacia el suelo, una pequeña superficie que me atrae como la luz a la polilla, con una especie de magnetismo, estiro los brazos y empiezo a sentir que es una buena noche para morir, para tirarme y volar, dejar que toda la mierda que llevo dentro se pulverice allí abajo, en la superficie, liberándolo todo de golpe, todos mis fantasmas, mis problemas, mis dolores, mi mierda.

Antes de darme cuenta dejo caer mi peso hacia delante, y me dejo caer, todo es tan rápido, tan fugaz y de repente todo se detiene, estoy volando, estoy saliendo de la jaula, soy libre.

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