sábado, 10 de agosto de 2013
Solo en sueños...
Siempre pensé que estaríamos juntos, eres el amor de mi vida. Pero no se en que momento me convertí en tu mejor amiga, en tu amiga de la infancia, en tu hermana pequeña a la que hay que proteger porque siempre esta metida en líos. Mientras mis ojos te ven siempre de la misma manera, grande, fuerte, mi protector, mi amor más grande...
Quizás no te acuerdas ya de la promesa que me hiciste cuando teníamos cinco años, me prometiste quererme y cuidarme para siempre, pero jamas imagine esta clase de amor, siempre pensé que me verías como la mujer en la que me he convertido.
Solté ligeramente el boli, las lágrimas me nublaban los ojos, no podía seguir escribiéndote más, no podía seguir abriendo mi corazón, no podía seguir con lo mismo día tras día. Arrugue aquel papel y lo tire a la basura, no quería que leyeras todo eso, realmente no era tu culpa, era culpa mía que sentía todo aquello, la que dejaba que se amontonaran todos esos sentimientos hasta el punto en que sentía como si fuera a explotarme el corazón salpicándote mis sentimientos absurdos. Cogí mi móvil y llame a Pablo, necesitaba que alguien curara mi vacío, y por el momento él lo hacia. Decidí darle una oportunidad, darle el sí a la pregunta que me había formulado en los días anteriores, se lo merecía, aunque tu lo odiabas, lo odiabas sin razón.
- ¿Pablo? Hola soy Mara
- Hola cielo, ya sabia que eres tú, ¿pasa algo?
- No, no me pasa nada, es solo que he pensado mucho en ti, y sobre la pregunta del otro día, es un sí mi respuesta.
- ¿Estás segura? porque el roce no hace el cariño Mara, el amor se siente o no, y si no me amas no quiero que perdamos nuestro tiempo en algo que no va a funcionar.
- Ya sabes lo que siento por ti Pablo, te quiero y lo sabes.
- Pero no soy el único, y eso me mata, ¿lo comprendes?
- Sí, se que no es justo, pero quiero darnos una oportunidad, en este momento te necesito.
- Espérame, voy hacia tu casa y lo hablamos ¿vale?
- vale
- Te quiero preciosa
- y yo a ti.
Me acosté en la cama, el mundo me daba vueltas, despues de haber llorado mientras escribía esa estúpida carta me sentía exhausta, Pablo tardaría un poco, así que empecé a caer en uno de esos sueños ligeros que finalizo con el chillido brusco del timbre. Me levante y sin levantar el telefonillo abrí la puerta, no me hacia falta, sabia que era Pablo.
- ¿Qué haces aquí? Pensé que tenias algo para hoy.
- ¿No te alegras de verme?
- Hace ya bastante que no me llamas, y por lo que veo te has vuelto a pelear ¿verdad? entra.
- Mara, no me mires así, no fue cosa mía, ¿Que prefieres que deje que me cojan a palos?
- No, solo tienes que dejar de frecuentar esos billares, Marcos.
- Entonces no podría ver tu rostro cuando te preocupas y te enfadas conmigo.
- Eres un idiota, Pablo debe de estar por llegar.
- ¿Pablo?¿ El pringado del coche rojo?
- No le llames pringado, es mi novio.
Escudriñe tu expresión,jamas te había visto una expresión como esa, en ese momento no supe interpretar lo que pasaba, y como siempre lo deje pasar.
- ¿Me estas diciendo que sales con ese capullo, Mara?
- No le llames así, tú no lo conoces.
- Lo conozco lo suficiente como para decirte que te mereces algo mejor, Mara cielo...
- No me llames así.
- Mara eres tu quien no lo conoce.
En ese momento el timbre volvió a sonar, estaba segura de quien era y mi corazón dio un vuelco. Abrí y al poco tiempo vi aparecer por las escaleras la cara siempre alegre de Pablo, al llegar a la puerta me cogió de la cintura y me beso. Sentí tu tos falsa, y la cara de malas pulgas que pusiste no mas verle, Pablo me miro como pidiéndome una explicación de tu presencia y cuando estaba apunto de dársela te paraste de la silla, caminaste hasta ponerte enfrente de él y de un puñetazo lo tiraste al suelo del pasillo, Pablo se levanto e intento devolverte el golpe, pero tu tenias más experiencia y le lanzaste una patada. Yo no podía dejar de gritar horrorizada que pararais e intentar atraparte, pero tu siempre lograbas apartarme. Pablo consiguió marcharse, mientras tu me cogiste de la muñeca y me arrástrate dentro de casa, cerraste la puerta y me abrazaste.
- No dejes que otros chicos te toquen tan fácilmente, Mara
Yo apenas lograba respirar, me sujetabas contra ti con desesperación, como quien esta apunto de perder algo que siempre a cuidado y que siempre a deseado. De repente me miraste a los ojos y empezaste a decir:
- Mara, yo no soy bueno para ti, te juro que he intentado olvidarte de todas las maneras, pero en mi cabeza solo estas tú, en mis sueños, en mi corazón, ya nadie me sacia, ninguna mujer me quita las ganas de ti, ninguna logra sacarte de mi mente, te tengo marcada en mi alma, estoy enamorado de ti desde que tenia cinco años, te prometí protegerte y eso he intentado pero en el camino no me he vuelto una persona que te merezca. Pero el solo imaginar que otros pueden tocarte, que pueden tener tu esencia, tu risa, tu amor, tu alma, la sola idea me desquicia.
Me besaste como solo en mis sueños lo habías hecho, yo te cogí lentamente del rostro, hendí mis manos en tu pelo mientras tú me abarcabas en tus brazos.
- Te amo Mara.
- Yo también te amo.
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